Retos virales: cuando un like puede costar una vida

Por Juanita Esther Rojas | Abogada – Mediadora – Especialista en derechos de NNyA

Los retos online —o challenges en redes sociales— se presentan como juegos entre amigos. Un video corto, una consigna sencilla, y la promesa de popularidad si lo grabás y lo compartís. Bajo esa apariencia inofensiva se esconden situaciones de riesgo real: desde lesiones graves hasta, en los casos más extremos, la muerte.

No son un fenómeno nuevo, pero las redes sociales los amplifican a una velocidad y escala que antes no existía. Lo que empieza en un grupo de WhatsApp puede volverse tendencia global en horas.

¿Por qué los adolescentes son los más vulnerables?

No es falta de inteligencia ni de valores. La respuesta está en la neurociencia: el cerebro adolescente todavía está en pleno desarrollo. La corteza prefrontal —la zona que evalúa consecuencias mide riesgos y frena los impulsos— no termina de madurar hasta los 25 años aproximadamente.

Eso significa que un chico de catorce años que decide participar en un reto peligroso no está tomando una decisión completamente racional: está respondiendo a impulsos que su cerebro todavía no tiene las herramientas para moderar.

A eso se le suma la presión del entorno digital. Tres factores que, combinados, forman un cóctel muy poderoso:

  • La dictadura del like: la validación en redes sociales activa los mismos circuitos de recompensa que otras conductas adictivas. Sentirse aceptado y popular tiene un peso enorme en esta etapa de la vida.
  • El sentido de pertenencia: no participar puede significar quedar excluido del grupo. Y para un adolescente, eso es una amenaza social muy concreta.
  • La búsqueda de notoriedad: ganar visibilidad y atención rápida es una promesa que las redes sociales cumplen de manera inmediata, mucho antes que cualquier logro del mundo real.

El rol de los adultos: de la prohibición al diálogo

El error más común que veo en las familias que llegan a mi estudio es haber llegado demasiado tarde. No porque no se preocuparon, sino porque la conversación sobre el mundo digital nunca había ocurrido de verdad.

Prohibir no alcanza. De hecho, a menudo tiene el efecto contrario: si el celular es territorio prohibido, el adolescente simplemente deja de contarle a sus padres lo que hace ahí. La clave está en construir un vínculo de confianza antes de que aparezca el problema.

Algunas pautas concretas:

  • Mostrá interés genuino por las plataformas que usa, a quién sigue, qué tipo de contenido consume. No como control, sino como conversación. Conocé el mundo digital de tu hijo.
  • No esperes a que aparezca una noticia alarmante para hablar de riesgos. Nombralos en el día a día, con naturalidad. Hablá antes de que pase algo.
  • Revisá tu propia relación con el celular y las redes. Los adolescentes aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan. Educá con el ejemplo.
  • Un adolescente que de repente cambia sus hábitos se vuelve más reservado o modifica sus grupos de amigos puede estar pasando algo que no sabe cómo contar. Estay atento a los cambios.
  • Prohibir contenido sin explicar por qué genera curiosidad y resistencia. Explicar el riesgo real es mucho más efectivo que el “porque lo digo yo”. No censurés todo.
  • Los retos virales son solo uno de los riesgos del entorno digital. Abrí la conversación más amplia. Hablá también de sexting, apuestas online y ciberbullying.

¿Y si ya pasó? Lo que necesitás saber

Si tu hijo participó en un reto que resultó en una lesión o daño, lo primero es atender la emergencia médica. Después, si hay responsabilidades involucradas —de terceros, de plataformas, de otros menores— es cuando el Derecho entra en juego.

En mi experiencia como mediadora, muchos de estos casos tienen mejor resolución fuera de los tribunales: procesos de mediación que permiten abordar el daño, restablecer vínculos y acordar reparaciones de forma menos traumática para todos, especialmente para los menores involucrados.

Si estás en esa situación y no sabés por dónde empezar, podés consultarme. Trabajo con familias de Corrientes y de otras provincias, y también con familias que residen en el exterior.

Para cerrar

El mayor regalo que podemos darle a un adolescente no es un celular con restricciones. Es una relación en la que se sienta lo suficientemente seguro como para contarnos cuando algo le pasa miedo, le genera presión o directamente lo asusta.

Ese vínculo no se construye de un día para el otro. Pero se empieza hoy, con una pregunta genuina: “¿Qué estás viendo últimamente?”

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