
Sí, en cierta medida un adolescente puede tener un peso real en la decisión de con quién vivir. No es una firma que se hace sola y sin trámite, pero tampoco depende únicamente de lo que acuerden los padres. El Código Civil y Comercial argentino reconoce que, a medida que los chicos crecen, su palabra pesa cada vez más en las decisiones que los afectan. Esto se llama autonomía progresiva, y en Corrientes, como en el resto del NEA, todavía es un tema que muy pocas familias conocen en profundidad.
Como abogada mediadora con 18 años de trayectoria en Corrientes, esta es una de las consultas que más recibo de padres, madres y también de los propios adolescentes: ¿puede mi hijo elegir con quién vivir? ¿Puedo yo, a los 16 o 17 años, decidir con mi papá o con mi mamá?
Qué dice la ley sobre la opinión de los hijos
El artículo 707 del Código Civil y Comercial establece que los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a ser oídos en todos los procesos que los afectan, y que su opinión debe ser tenida en cuenta según su edad y grado de madurez. Esto no es una formalidad: es un derecho que viene reforzado por la Convención sobre los Derechos del Niño y por la Ley 26.061 de Protección Integral.
En la práctica, esto significa que ningún juez, ninguna mediadora y ningún acuerdo entre padres puede ignorar lo que un adolescente tiene para decir sobre con quién quiere vivir. Lo que cambia con la edad es el peso que tiene esa opinión, no si se la escucha o no.
¿A partir de qué edad se toma en cuenta lo que dice un adolescente?
No hay un cumpleaños mágico que active el derecho a decidir. Lo que existe es una escala: cuanto más grande y más maduro es el adolescente, más determinante es su palabra. En los casos que trabajo en Corrientes y en localidades del interior como Mercedes, Saladas o Paso de los Libres, la franja de 16 a 19 años es la que con más frecuencia plantea directamente su preferencia, y es también la que el sistema judicial toma más en serio.
Esto no quiere decir que un chico de 12 o 13 años no tenga voz. La tiene, y en mi experiencia los padres suelen sorprenderse de cuánto entienden sus hijos sobre lo que está pasando en la familia. Lo que cambia es cuánto puede inclinar la decisión final esa opinión frente a otros factores, como el vínculo con cada progenitor o la estabilidad cotidiana.
Qué es el cuidado personal unilateral por elección propia
Cuando un adolescente expresa con claridad que quiere vivir con uno de sus padres, esto puede derivar en lo que se conoce como cuidado personal unilateral. No es una mudanza de un día para el otro: requiere un acuerdo entre los progenitores o, si no lo hay, una instancia de mediación o judicial donde se escuche formalmente al adolescente y se revisen las condiciones de cada hogar.
La mediación suele ser el camino más rápido y menos desgastante para llegar a ese acuerdo, porque evita que la decisión quede planteada como una pelea entre adultos con el adolescente en el medio.
“No quiero elegir entre mamá y papá”
Esta frase la escucho seguido, y es probablemente lo más importante de todo este tema. Muchos adolescentes no quieren decidir con quién vivir porque sienten que elegir a uno es traicionar al otro. No es que no tengan una preferencia: es que no quieren ser ellos quienes carguen con esa decisión frente a sus padres.
Por eso el trabajo de una mediadora no es preguntarle al chico “¿con quién querés vivir?” como si fuera un examen. Es crear un espacio donde pueda hablar de lo que necesita, lo que le hace bien, lo que le pesa, sin que eso se convierta en un veredicto contra ninguno de sus padres. La decisión final la construyen los adultos con esa información, no el adolescente solo.
Qué pasa si el adolescente no quiere ir a la casa del otro progenitor
Es distinto a un chico de 4 o 5 años que no quiere ir a la visita del fin de semana. En la adolescencia, la negativa sostenida en el tiempo suele tener un motivo que merece ser escuchado, no simplemente forzado. Esto no significa que el otro progenitor pierda automáticamente el vínculo: significa que hay que revisar qué está pasando, y muchas veces ahí aparece la posibilidad de modificar el régimen de cuidado o de comunicación de forma consensuada.
Cuatro cosas que los adolescentes quisieran que los adultos entendieran
En consultas y también en charlas informales, con el tiempo fui escuchando patrones que se repiten entre los chicos de 16 a 19 años en Corrientes y el interior del NEA. Lo primero que piden, casi siempre: que no los obliguen a elegir en voz alta frente a sus padres, aunque sí quieren que esa opinión se tenga en cuenta en privado.
Después viene lo demás. Que querer vivir con uno no significa dejar de querer al otro. Que no los traten como si no entendieran lo que pasa en la familia — la mayoría entiende mucho más de lo que los adultos creen. Y que alguien, en algún momento, les explique el proceso en lenguaje claro, sin tecnicismos: nadie debería sentir que su vida se decide en una lengua que no es la suya.
Cómo se tramita esta situación en Corrientes
El primer paso casi siempre es la mediación, antes de pensar en un proceso judicial. Atiendo consultas de forma presencial en Corrientes capital y también por videollamada para familias de Itatí, Mercedes, Saladas, Santa Rosa, San Miguel, Concepción y Paso de los Libres, para que nadie tenga que viajar solo para una primera consulta.
Si estás en esta situación, como padre, madre, abuelo o directamente como adolescente con dudas sobre tus derechos, podés escribirme para conversar con calma. Cada familia y cada adolescente son distintos, y no hay una respuesta única que sirva para todos los casos: lo que sí hay es un camino para que la decisión se tome escuchando a quien más le importa, sin que nadie tenga que elegir entre mamá y papá.
Juanita Rojas — Abogada Mediadora
Corrientes, Argentina
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